jueves, 7 de noviembre de 2013

¡Mejor me cojo un taxi!

Si ya los turistas se animaban poco a adentrarse en el pueblo, ahora, con la construcción de la estación de guaguas en las inmediaciones del Campanario y del cuartel de la Guardia civil, todavía menos.  ¿Qué pinta una estación de guaguas donde Cristo perdió las cholas?

Juan Carlos I, una calle orientada en un pasado no muy lejano a tener cierta afluencia de transeúntes y tráfico, quedará cada vez más desmarcada del pueblo, como si realmente fuesen las afueras de Corralejo. Quítennos el ambulatorio, ya puestos también y parecerá que estamos en el medio oeste con esas bolas rodando por la carretera y dos  pistoleros al final del camino esperando a atracar a los incautos que se adentren en ella.

Esta es una calle que nos lleva directamente al Puerto, al médico, a las escuelas, a casi el corazón de Corralejo ¿y en qué pretenden convertirla con sus especulaciones, sus favoritismos por ciertas gerencias y dineros?
Cada vez son menos los negocios que sobreviven en esta zona, cuando parecía ser una de las calles que había cobrado vida y tuvo además su momento de auge. Ahora, entre la crisis y estas decisiones interesadas y sin contar con la opinión del pueblo, nos hunden todavía más en la miseria.

Además, según nos cuentan (porque es cuento, seguro)  la nueva construcción tendrá zonas verdes y sombra. Juas, juas, juas, perdonen que me ría, puesto que tenemos al lado el parque botánico un gran espacio verde, donde no hay ni rastro de sombra, donde las palmeras han ido a morir y los cactus no pinchan simplemente porque no existen. También habrá baños y cafetería, justo como en el parque botánico. Aunque seguramente hagan lo mismo que en su caso: Baños cerrados, cafetería cerrada. El  proyecto estaba presupuestado por el cabildo en ochocientos veintitrés mil euros y según fuentes, la empresa encargada de llevar a cabo tal despropósito, la construirá por casi la mitad. ¡A saber cómo! Racaneando materiales y probablemente modificando el proyecto. Así habrá más a repartir.

Además nuestro ayuntamiento no pone obstáculo alguno en que se gaste ese dineral en una ubicación totalmente desubicada, sino que encima les ayuda,   cuando lo que debería es arreglar los papeleos de propiedad de la antigua estación y reformarla o volver a construirla en el mismo sitio o cercanías. Un sin sentido para los del pueblo, aunque no para la constructora y para los políticos untados en mantequilla, que trabajan servilmente al servicio de su bolsillo, en vez de al de la ciudadanía que paga abusivos impuestos.

Y de guagua en guagua, me bajo en la siguiente parada:

¿No sería más ético que la consejera de transportes del Cabildo se centrara en exigir un servicio público de calidad a la empresa que monopoliza los servicios de transporte en toda la isla, "Tiadhe", la cual no tiene competencia ninguna, y por eso hace lo que le viene en gana?

Las guaguas se estropean cada dos por tres, dejando tirados a los usuarios una hora, hasta que llega la siguiente, sin ningún tipo de indemnización por llegar tarde al trabajo, perder citas médicas por las que uno espera meses e incluso años, el avión o simplemente la paciencia.

Los precios abusivos y subidas de tarifa cada dos por tres deberían ser bastante motivo para dar un servicio inmejorable.  Las subvenciones del Cabildo que recibe esta empresa, también. Pero al parecer nada de esto importa mucho, ni a al Cabildo, ni al Ayuntamiento de la Oliva, ni a la consejera de transportes. Ellos prefieren seguir adjudicando obras que no van a dinamizar al pueblo y subvenciones a quien no las merece.

Y después de esto, ya mejor me cojo un taxi que me lleve directamente  a ver la atracción turística del mes: Una excavadora hundiéndose en el fondo marino, frente al Bahía Real.


Un monumento que hace total justicia a los que nos gobiernan en este ayuntamiento.