jueves, 18 de abril de 2013

Mundo Sin Sentido


Puede ser que la vida le pase a uno de largo y sin siquiera darse cuenta esté muriendo sin haber sacado nada en limpio. Hay personas que dan la impresión de eso mismo. No dejan estela porque no se paran en el camino a sembrar nada más que su vacío, su pereza, su desidia, su frivolidad…
Me fascina encontrarme gente que no se entera de nada a pesar de saber de todo. Es entonces cuando analizo en qué mundo estamos viviendo, en porqué el mundo es como es.
Vivimos sin pensar, sin involucrarnos demasiado en los problemas de los demás, ni siquiera nos atrevemos a ponernos un momento en la piel del otro.
Oímos pero no escuchamos, vemos pero no miramos. Es como si nuestros sentidos no estuviesen conectados con nuestras emociones. Hemos aprendido a desconectar esa parte del cerebro que es capaz de empatizar. Para la mayoría es mucho más fácil vivir así, sin sentir.
A un ciego no le hace falta ver para percibir el dolor, la alegría, el amor… Sin embargo a la mayoría de los que tenemos nuestros cinco sentidos intactos nos falta lo más importante: La percepción. Es una pena. Nos perdemos las cosas más importantes de lo que nos rodea, nos quedamos en la superficie sin querer profundizar en el sentimiento, que al fin y al cabo es la parte imprescindible para interactuar con el mundo.
Pueden llevarme la contraria quienes dicen que los animales no tienen sentimientos. Seguiré creyendo firmemente que sí los tienen. Somos los humanos los que estamos perdiendo el privilegio de sentir. Y lo perdemos porque queremos ser duros, que no nos hagan daño, ser los más fuertes. Pero eso trae consecuencias globales. El mundo está perdiendo su animalidad, su naturaleza. No podemos ir contracorriente. Nos cansaremos algún día pero será tarde para dejarse llevar porque hemos cambiado considerablemente la trayectoria de nuestras ideas, hemos originado otras nuevas y equivocadas y eso tardará mucho en borrarse de la memoria del mundo y mucho más en desaparecer de los genes de nuestros descendientes. 

Esencia


Los niños asisten a un espectáculo que traspasa lo ficticio convirtiéndose en real. Una obra no escrita en la que, lo que no debe ser, es. En la calle y en sus casas observan y absorben lo que escuchan y ven…Porque SUPUESTAMENTE los mayores siempre hacen lo que deben hacer. Y los niños deben limitarse a aprender.
Maldita la hora en que me dejé contaminar.
Recuerdo ahora, cuando de pequeña, soñaba…
Soñaba con un mundo mejor,
Soñaba con niños felices y gorditos en Etiopía
Soñaba con mi futura casa y un jardín lleno de perros abandonados.
Soñaba con tener siempre cien pesetas en el bolsillo para dárselas a aquel mendigo.
…Soñaba con ser mayor y casarme con un hombre de color, sólo por contrariar a mis padres, que a pesar de ser las mejores personas del mundo, no sabían que el amor no entiende de colores ni de edades.
Soñaba que sería alguien importante, para cambiarlo todo. Qué fácil veía la solución que los mayores no encontraban. Pero tampoco me escuchaban cuando les daba ideas.
Tenía la clave, pero poco a poco me fueron contaminando, minando la fe en mí.
Me hicieron creer lo contrario de lo que creía.
Me hicieron perder esa inocencia que todo lo puede y me llenaron de prejuicios.
Me limitaron, castraron mi imaginación.
Los adultos lo adulteran todo.
Con sus reglas no arreglan nada porque son los primeros en saltárselas.
Quiero recuperar mi fe, mi inocencia.
Quiero librarme de los prejuicios.
Hasta que me deshaga de ellos no lo conseguiré.
Quiero ser libre pensadora y crear con mi imaginación un mundo real y justo.
En equilibrio el Polo Norte con el Polo Sur.
Quiero seguir creciendo como niña, no como adulta. Llevaba una buena trayectoria, no sé en qué momento se truncó.
Tenía grandes proyectos, no sé dónde los dejé ni cuando desistí. Supongo que fue algo gradual, a medida que mi cuerpo crecía mi imaginación, mi inocencia y mi fe se achicaban.

jueves, 4 de abril de 2013

¿Seguimos discutiendo?

Bebo de ti,
de tus palabras,
de tus ideas.
Bebo y elimino la impureza,
oigo y mis oídos lo filtran todo.
Lo que vale llega a mi cerebro,
lo que no, lo olvido y lo entierro.
Hablo y al hablar se me ocurre,
que lo que acabo de expresar
había estado escondido en un recóndito lugar,
todavía encriptado,
sin acabar de procesar.
Y lo asimilo al tiempo que lo escuchas tú.
Me encanta el debate, porque aprendo
y porque exteriorizo lo que siento
y porque a veces descubro y conozco secretos que llevo dentro.
¿Seguimos discutiendo?
Es agradable charlar contigo, aprender,
diferir y discutir apasionadamente sobre una idea.
No trato de imponer,
sino de defender y argumentar
lo que pienso, digo y siento.
Me encanta debatir
porque es mi alimento, mi sustento.
Sin ello me quedo quieto, inmóvil, muerto.
Y como dice Aute:
"El pensamiento no debe tomar asiento,
el pensamiento tiene que estar siempre de paso"
Y tú me ayudas a ello,
a que mi pensar fluya y se enriquezca,
que no se estanque y perezca.
De ti aprendo,
aunque no esté de acuerdo.
De tus palabras y las mías hago un puzle
y con suerte lo completo.
Me aportas mucho más de lo que piensas,
tus palabras son tesoros para mi conocimiento,
No me aburres, ni me enfadas,
ni me molestas con tus impertinencias
porque las puedo transformar en lecciones,
cada día, a cada momento.
y aunque me acaloro y me apasiono en el debate,
te respeto y te agradezco,
mucho más de lo que piensas.
No estoy enfadado, no te equivoques,
que el rubor en mis mejillas,
es señal de con qué pasión defiendo mis ideas
y cuanto más inteligentemente me rebates,
más me contento y me intereso.
Mientras tenga palabras
seguiré insistiendo y discutiendo.
Cuando me dejes sin ellas
mi pensamiento habrá dado un paso adelante
aprendiendo del maestro.


lunes, 1 de abril de 2013

Agua de borrajas


Podría mojarme, saben que no soy de las que me callo, pero al fin y al cabo ¿de qué sirve?
Sé que a muchos les gusta que hable de lo que la mayoría no se atreve. No soy una marioneta, cada cosa que he dicho ha sido porque quería o porque la rabia salió fuera en forma de palabras. Ahora intento rellenar un espacio en blanco y no sale nada, estoy seca. Quizás la decepción o la escasa respuesta a tanta denuncia me han dejado amarga e indiferente frente a un pueblo que no reacciona.
La ley del silencio, la ley del miedo, la ley del enchufismo... Hay tantas leyes absurdas en este y en muchos otros pueblos españoles que me aburre seguir hablando y denunciando injusticias. Quizás no sirva de nada decir públicamente que el pueblo está lleno de mierda; que es un peligro pasear por aceras llenas de agujeros; que es preferible pasar un calor insoportable a que el tufo a meo y caca de perro se te cuele por la ventana;  que estamos hartos de no poder confiar ni en la policía porque ya no sabemos si son los "buenos”; o que los hoteles que tanto dinero han ganado gracias a este pueblo abusan cada día de sus empleados.
Estoy decepcionada con un ayuntamiento y una alcaldesa que cierran los ojos a todas estas protestas y viven tranquilamente su experiencia de cobrar un sueldo insultante que no se merecen.
Pero al fin y al cabo es la tónica general en España. Tenemos la llave en la mano para abrir puertas y ventilar, pero el miedo no nos deja ser valientes. Somos grises y mediocres porque tememos perder nuestra imaginaria vida cómoda y vivir de verdad, con los riesgos que conlleva el defender nuestros derechos. Llevo un par de años escribiendo esta columna y he hablado de muchas cosas que la mayoría no se atreven. Puede que yo misma me cierre puertas en muchos trabajos, es razonable que los empresarios que se sientan aludidos a mis denuncias no quieran tener a una revolucionaria entre su personal. Pero, ¿de qué sirve si sólo unos pocos somos los que creemos ser tan importantes como para que deban atender nuestras exigencias?
Nosotros no tenemos el poder porque somos "la minoría" los que denunciamos, porque aunque la mayoría están de acuerdo con muchas denuncias que algunos hacemos públicamente, a la hora de dar la cara se echan para atrás constatando así que el pueblo es manejable a través del miedo. Yo tengo miedo y de mi miedo sale la valentía. Soy humana y desde mi humanidad reivindico la libertad de defender nuestros derechos a una vivienda digna, a un trabajo digno, a un gobierno transparente y al servicio del pueblo. ¿Pero de qué sirve si pertenezco a una minoría?