jueves, 10 de octubre de 2013

Fuerteventura.

Me sorprende ver como esta isla atrapa a la gente. 
Es algo parecido a lo que le pasó a Ulises con las sirenas, se quedó encantado por sus cánticos al igual que los que venimos de fuera quedamos hipnotizados por el ritmo de la isla. Conozco personas, cada vez más, que vienen de vacaciones o a visitar amigos o familia y acaban pasándose la mitad del año aquí, incluso invierten su dinero y abren negocios con la intención de sentir que algo les ata y les devuelve aquí. Es gratificante y sorprendente ver como estas personas sueñan con tener unas semanas de vacaciones para volver a la  isla que les ha robado el corazón. 
Fuerteventura es hoy en día un paraíso para los que buscan olvidarse del estrés, de la lluvia, del frío, del mal humor, del ruido del tráfico, del asfalto.... Eso juega a nuestro favor, aquí somos tranquilos, no corremos, ni nos ahogamos en un vaso de agua, y si lo hacemos, al día siguiente lo olvidamos gracias a este sol maravilloso, al calor, al mar y la naturaleza que nos rodea. Nuestras preocupaciones son más llevaderas que en otros sitios. Los que venimos de fuera quizás tardemos un año o poco más en amoldarnos a este ritmo, pero acabamos por adaptarnos e incluso nos fundimos con el tempo que marca la isla, tanto, que cuando volvemos a nuestro lugar de origen en vacaciones, nos sentimos fuera de sitio, como si el tiempo hubiese pasado sólo para los que se han quedado allí y nosotros no encajásemos ya en ese frenesí, en ese ir y venir de trabajar, de estudiar, de conducir para el trabajo y luego para casa, porque así suele ser en el resto del mundo.
Me fascina y al mismo tiempo me parece natural conocer gente que sueña con un puente, con vacaciones  e incluso con dejarlo todo para escapar a un lugar como este... 
Todo, absolutamente todo en Fuerteventura se ralentiza, pierde transcendencia lo urgente y cobra sentido lo realmente importante. Creo que esto es lo que nos atrapa.
Es inquietante que los que nos gobiernan, los que deben cuidar y mimar este turismo que vuelve, ya no año tras año, sino de mes en mes, sigan impasibles su rumbo dejado y destructivo, como si creyesen que la gallina de los huevos de oro durará siempre. Si se dan cuenta, si estudian un poco más el flujo de personas que vienen a la isla, entenderán que muchos de los que animan nuestra economía son estas personas enamoradas de la isla, repetidoras, que conocen y saben los sitios que les gustan, que vienen a tiro fijo porque ese camarero de aquel restaurante los trata fenomenal, que gastan en los pequeños comercios, que visitan el pueblo y no se quedan sólo en el hotel, que hacen amigos y en definitiva saben disfrutar de la isla a pesar de lo precariamente gestionada que está. 
Creo que es un deber de nuestros políticos tener en cuenta a este tipo de turismo, ya que parecen centrarse solamente en el todo incluido, en el beneficio exclusivo de los hoteles y tour operadores, dejando de lado la economía del pequeño comerciante, del pueblo y del turista independiente y amante de la isla. Espero que algún día sepan codearse con las personas que realmente se paran a conocer, a apreciar y a enriquecer verdaderamente nuestra cultura. y digo enriquecer no en el sentido estricto de la palabra sino en el más puro estilo literario y romántico, pues son las que hablarán de Fuerteventura allá donde vayan, son las que amarán sus gentes, sus playas, dunas y volcanes; porque son las que realmente vienen a saborear y a empaparse de todo lo que esta isla les ofrece. 
Señores políticos, abran los ojos y cuiden lo que tenemos o algún día acabaremos lamentándonos por culpa de ustedes.

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