jueves, 2 de mayo de 2013

Ver, Oír y Callar


Amparados en el “secreto de sumario” nos tienen en ascuas con el caso de corrupción del Clan M. De momento, el juez que llevaba el caso desde Arrecife, renuncia. Supuestamente se irá de refuerzo a los juzgados de lo Penal de Madrid, según pueden leer en comentarios anónimos
sobre la noticia. Pero como sobre este tema nada sabemos si es cierto o es rumor, como suele pasar con la mayoría de sucesos graves que ocurren en nuestra isla, sólo nos resta hacer conjeturas. Sería más fácil llevar a cabo la ley de transparencia e informar a los ciudadanos que hemos sufrido en nuestro municipio el despotismo, abuso de poder, robos y tráfico de drogas.
El miedo que tenemos en el pueblo es que todo se quede en nada. Una vez más, burros y apaleados.
Desde luego tiene delito que desde el ayuntamiento vivan en la ignorancia los que gobiernan nuestro pueblo, dejando campar a sus anchas a estos personajes que deberían proteger y servir a los ciudadanos y  que hacen todo lo contrario. Recordemos que no es cosa de un año ni dos, que ha habido “detalles” y rumores suficientes desde hace mucho,  tanto como para hacer referencia al refrán de que “Cuando el río suena, agua lleva”.
En el pueblo se palpa el sentimiento de que desde la alcaldía se cierran los ojos a este tipo de actos que ponen en entredicho a nuestro pueblo, creando un ambiente de inseguridad y decrepitud para el turismo. No sé si por corruptos o porque prefieren vivir en su burbuja glamurosa de espaldas a lo que sucede en el pueblo, eso da igual.
También podemos pensar que no se enteran de nada los responsables de llevar a buen puerto nuestro municipio “turístico y selecto”, pero eso, más que un consuelo sería un insulto a todos los que pagamos nuestros impuestos.
Mientras el pueblo acate la ley del silencio, nada cambiará. Esto no deja de ser un ejemplo de lo que sucede en el resto de España. Un país que se compone de miles de ayuntamientos corruptos (salvo escasas excepciones), donde los ciudadanos convivimos sin involucrarnos realmente para cambiar  la trayectoria hacia un funesto destino. 
Es posible gestionar de manera sencilla, transparente y en consenso con los que formamos parte de este pueblo. Desde esta columna hemos dado referencias de ayuntamientos ejemplares. Aunque veo que las buenas ideas no se tienen en cuenta porque no interesan. Sin embargo, se acogen a otras no tan efectivas. Sin ir más lejos, el verano pasado el consistorio decidió redactar una ordenanza existente en otros municipios y que consiste en multar a los bañistas imprudentes. Ordenanza que para nada garantiza la protección, la cual pasa por aumentar la plantilla y no por poner bandera roja en las playas menos vigiladas.
Hay modelos sencillos e innovadores. ¡Practiquémoslos!

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