jueves, 18 de abril de 2013

Esencia


Los niños asisten a un espectáculo que traspasa lo ficticio convirtiéndose en real. Una obra no escrita en la que, lo que no debe ser, es. En la calle y en sus casas observan y absorben lo que escuchan y ven…Porque SUPUESTAMENTE los mayores siempre hacen lo que deben hacer. Y los niños deben limitarse a aprender.
Maldita la hora en que me dejé contaminar.
Recuerdo ahora, cuando de pequeña, soñaba…
Soñaba con un mundo mejor,
Soñaba con niños felices y gorditos en Etiopía
Soñaba con mi futura casa y un jardín lleno de perros abandonados.
Soñaba con tener siempre cien pesetas en el bolsillo para dárselas a aquel mendigo.
…Soñaba con ser mayor y casarme con un hombre de color, sólo por contrariar a mis padres, que a pesar de ser las mejores personas del mundo, no sabían que el amor no entiende de colores ni de edades.
Soñaba que sería alguien importante, para cambiarlo todo. Qué fácil veía la solución que los mayores no encontraban. Pero tampoco me escuchaban cuando les daba ideas.
Tenía la clave, pero poco a poco me fueron contaminando, minando la fe en mí.
Me hicieron creer lo contrario de lo que creía.
Me hicieron perder esa inocencia que todo lo puede y me llenaron de prejuicios.
Me limitaron, castraron mi imaginación.
Los adultos lo adulteran todo.
Con sus reglas no arreglan nada porque son los primeros en saltárselas.
Quiero recuperar mi fe, mi inocencia.
Quiero librarme de los prejuicios.
Hasta que me deshaga de ellos no lo conseguiré.
Quiero ser libre pensadora y crear con mi imaginación un mundo real y justo.
En equilibrio el Polo Norte con el Polo Sur.
Quiero seguir creciendo como niña, no como adulta. Llevaba una buena trayectoria, no sé en qué momento se truncó.
Tenía grandes proyectos, no sé dónde los dejé ni cuando desistí. Supongo que fue algo gradual, a medida que mi cuerpo crecía mi imaginación, mi inocencia y mi fe se achicaban.

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