lunes, 1 de abril de 2013

Agua de borrajas


Podría mojarme, saben que no soy de las que me callo, pero al fin y al cabo ¿de qué sirve?
Sé que a muchos les gusta que hable de lo que la mayoría no se atreve. No soy una marioneta, cada cosa que he dicho ha sido porque quería o porque la rabia salió fuera en forma de palabras. Ahora intento rellenar un espacio en blanco y no sale nada, estoy seca. Quizás la decepción o la escasa respuesta a tanta denuncia me han dejado amarga e indiferente frente a un pueblo que no reacciona.
La ley del silencio, la ley del miedo, la ley del enchufismo... Hay tantas leyes absurdas en este y en muchos otros pueblos españoles que me aburre seguir hablando y denunciando injusticias. Quizás no sirva de nada decir públicamente que el pueblo está lleno de mierda; que es un peligro pasear por aceras llenas de agujeros; que es preferible pasar un calor insoportable a que el tufo a meo y caca de perro se te cuele por la ventana;  que estamos hartos de no poder confiar ni en la policía porque ya no sabemos si son los "buenos”; o que los hoteles que tanto dinero han ganado gracias a este pueblo abusan cada día de sus empleados.
Estoy decepcionada con un ayuntamiento y una alcaldesa que cierran los ojos a todas estas protestas y viven tranquilamente su experiencia de cobrar un sueldo insultante que no se merecen.
Pero al fin y al cabo es la tónica general en España. Tenemos la llave en la mano para abrir puertas y ventilar, pero el miedo no nos deja ser valientes. Somos grises y mediocres porque tememos perder nuestra imaginaria vida cómoda y vivir de verdad, con los riesgos que conlleva el defender nuestros derechos. Llevo un par de años escribiendo esta columna y he hablado de muchas cosas que la mayoría no se atreven. Puede que yo misma me cierre puertas en muchos trabajos, es razonable que los empresarios que se sientan aludidos a mis denuncias no quieran tener a una revolucionaria entre su personal. Pero, ¿de qué sirve si sólo unos pocos somos los que creemos ser tan importantes como para que deban atender nuestras exigencias?
Nosotros no tenemos el poder porque somos "la minoría" los que denunciamos, porque aunque la mayoría están de acuerdo con muchas denuncias que algunos hacemos públicamente, a la hora de dar la cara se echan para atrás constatando así que el pueblo es manejable a través del miedo. Yo tengo miedo y de mi miedo sale la valentía. Soy humana y desde mi humanidad reivindico la libertad de defender nuestros derechos a una vivienda digna, a un trabajo digno, a un gobierno transparente y al servicio del pueblo. ¿Pero de qué sirve si pertenezco a una minoría?

2 comentarios:

  1. Hola Maria Belén, soy Gianfranco, lo de “La tilde del guiri” de la revista MiPueblo (colega o competencia, eliges lo que prefieres); acabo leer tu artículo y se me cruzan los cables para contestar a tu pregunta, ¿Pero de qué sirve si pertenezco a una minoría?
    Pertenezco a tu misma minoría (por lo poco que vale), lo que suena ligeramente consolatorio: por lo menos el criterio de soledad adquiere un nuevo significado; también sé que granitos de arena, por suerte, hay muchos para hacer una playa. Personalmente creo que nuestro objetivo (perdóname si me tomo la libertad de reunir a nuestros respectivos roles) sea, quizá con un poco de presunción, lo de la sal en la comida, con todo lo que esto conlleva; cuando hay demasiado la gente se cansa de las opiniones siempre negativas, es decir de las quejas continuas; cuando hay poco, la realidad pierde sus colores y se cambia en algo uniformemente gris, algo sin sabor. Creo que el objetivo sea encontrar el justo equilibrio entre las dos cosas (en mi caso pasa algo incluso peor: “.. ¿como se permite ese extranjero comentar nuestros asuntos?..”, aunque vivo aquí desde hace años).
    Solo puedo desear para todos los granitos de arena que la chispa de la rebeldía (siempre constructiva, claro) nunca se apague. Ciao!
    latildedelguiri@gmail.com

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  2. Gracias Gianfranco, me honra que un columnista me conteste y me ponga a su nivel, para mí es muy satisfactorio que personas que escriben, me lean y disfruten o al menos no se queden indiferentes con lo que escribo. Sinceramente pienso que jamás seré capaz de controlar mi rebeldía, a pesar de que ello conlleve sus riesgos, algo más que constatable en un pueblo. Por eso soy pesimista a día de hoy, porque después de tanto reivindicar, muchas empresas no querrán contratarme aunque saben que soy una excelente trabajadora, por eso me permito el lujo de exigir mis derechos como tal. Soy pesimista porque no estoy sola, tengo una familia que alimentar y estoy jugándome el pan de mis hijas. Pero sólo soy pesimista en ese aspecto, sé que saldré adelante aunque no me den trabajo porque lo sé, algo pasará o se me ocurrirá. Y la chispa jamás se apagará en mi, no lo dudes, estoy muy contenta de ese aspecto de mi personalidad, aunque me dé problemas. Para nada te considero la competencia, todos tenemos un sitio en el mundo y todos aportamos y enriquecemos. Gracias por contestarme a demás de leerme.

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