miércoles, 23 de enero de 2013

ELIGE


Viví la mitad de mi vida
con una mochila a la espalda
cargada de piedras,
que me pesan en el alma.
Aprendí lo que la mayoría aprende,
 pues prejuicios no me faltan,
pero me sobran motivos
para replantearme lo que falla.
Ser valiente es lo que queda
en este mundo de mentiras,
de desengaños dolorosos,
de certezas no tan ciertas.
Algunos dicen que es feliz el tonto,
e infeliz el que piensa.
Mas mi felicidad depende
de lo que mi mente despierta.
No puedo cerrar los ojos,
ante verdades nuevas,
porque el remordimiento me quema
y la culpabilidad me aqueja
si hago caso omiso
de la realidad que acecha.
Vivo en el camino,
no tengo retorno ni meta.
Mi único destino,
es caminar sin tregua.
¡Da igual donde vaya!
Si no cuestiono cada piedra,
cada prejuicio que pesa,
no tiene sentido
que camine hacia la nada.
Cuando mi mente plantea
y con cada paso aprende,
camino satisfecha,
saciando mi apetito
de emociones y vivencias.
Este camino escogido,
difícil en apariencia,
es más agradecido
si lo comparto contigo.
Vamos a plantearnos juntos
un sendero desconocido.
Iremos soltando piedras
que quedarán en el camino.
Que serán mudos testigos
de nuestra historia reciente,
en la que lo obvio no es cosa de muchos,
sino de grupos reducidos.
Personas que luchan
 contra imposiciones,
avaricias y poderes.
Personas que entienden,
que todo pasa
por ser coherente y consciente.
Nuestros pasos
dejan huella para otros.
Y lo que hoy hagamos,
será  algún día,
también el hoy de nuestros hijos.
Démosles alas en sus mentes,
o acaso buenas mochilas.
Si lo primero les damos,
serán capaces de plantear
que se puede vivir un hoy,
mejor que el que vivimos.
Si les damos lo segundo,
es que habremos elegido
pararnos en el camino,
inconscientes de quienes somos
y de a qué hemos venido,
a este mundo de mentiras,
de desengaños dolorosos
y de certezas no tan ciertas.





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