jueves, 20 de diciembre de 2012

Nada está vacío

Cuando no escribo me siento mal. No digo que sea una necesidad, puedo vivir sin hacerlo. Sencillamente me siento mal cuando lo dejo de lado, cuando dedico mi tiempo a cosas que no me satisfacen tanto como escribir. A veces me dejo llevar por la pereza y me paso largo tiempo sin plasmar en papel lo que pienso y es el papel el que de repente cobra vida y me llama, me exige que escriba. No tengo nada que contar, nada que decir y aún así, aquí estoy, rellenando el espacio en blanco. Incluso me siento estúpida porque pienso que hoy no va a salir nada decente de aquí, pero no soy yo quien pone la voluntad, es algo ajeno a mí, algo más fuerte, un imán poderoso el que me obliga a acercarme a los demás a través de las palabras que van saliendo sin querer de mis dedos. Ojalá pudiese componer bellos poemas y hermosas canciones, ojalá alguna canción que llegase a los corazones fríos y desolados. Podría intentar haceros ver lo que yo siento y en verdad me encantaría que mi alma fuese la que hablase por mí, no mi ego. Es el ego quien me empuja a escribir para vosotros, es mi afán de enseñaros la perfecta diosa que llevo dentro el que hace que mi angustia se apodere de mi tiempo, tiempo que pierdo soñando el día que escribiré algo que llegue al mundo entero, que lean jóvenes y viejos, que lloren los recios y rían los serios, que ablande a los duros y enseñe a los necios. A veces pienso que no tiene sentido escribir con este sentimiento tan negro, el de sublimarme y alimentar más ese asqueroso ego que me acompaña y se niega a dejarme. Trabajar en esto es algo que me da vueltas en el cerebro, quisiera deshacerme de él, pero es tan persistente y tan sutil que a veces no diferencio si lo que hago, lo hago realmente por mí o por algo en lo que creo. Me tiene sumamente preocupada, porque además sé que es un mal de nuestro tiempo. Una raíz de mala hierba que ha crecido como una plaga que se extiende a lo ancho del universo. Me pone nerviosa sólo de pensar en ello. Yo soy consciente de mi yo, de mi ego, trato de controlarlo, pero esa semilla crece y se alimenta en todos nosotros, se extiende y ramifica y llega a axfisiar todo lo bello, todo lo exento de egoísmo acaba muriendo, falto de oxígeno que le roba este sentimiento tan aniquilador del amor que nace ingenuo, que intenta ser y estar, establecerse y regenerar, curar y crear.
No es la primera vez que os hablo de esto, no es la última vez tampoco. Es algo recurrente que me da dolor de cabeza y que me asquea. Por eso sin saber ni lo que iba a escribir en este espacio en blanco, ha vuelto a salir a flote como flota la mierda en el agua limpia y pura, porque es tan pura que tiene que depurar lo que no es sano, lo tóxico. No es que pretenda ser pura, de momento sólo quiero ser honesta, contigo, conmigo sobre todo y sin darme cuenta me analizo escribiendo. Simplemente, así, en este papel vacío pero que estaba tan lleno aún antes de escribirlo. 

4 comentarios:

  1. Uf, Belén... Me ha encantado lo que has escrito, aunque creas que no dices nada, lo dices todo. No quiero alabar tu ego, sino agradecer leer en tus palabras lo que a veces mi boca no dice.

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  2. Gracias Celeste. Supongo que debemos trabajar este sentimiento, no es malo sentirse halagada, lo malo es hacer las cosas con el fin de alimentar nuestros egos. Besos

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  3. El darse cuenta es el primer paso, el observarlo, el ego va a estar ahí, pero podemos hacer algo sin él? Si podemos. ¿Cómo? siendo conscientes..

    Por aquí te he leído mucho más corazón que cerebro. Muchas de tus palabras reflejan amor y consciencia, aunque a ti no te lo parezca.

    Estoy leyendo "Un nuevo mundo, ahora" de E. Tolle y habla precisamente de esto.

    Abrazos

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    1. Hola Suso, cuánto tiempo. Gracias por tus palabras, echaré un vistazo a ese libro, el título ya me gusta. Besos

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