martes, 5 de junio de 2012

Si yo comprendo intenta comprender

El pasado siempre vuelve, o eso dicen... Puede que haya hecho cosas que hoy no haría pero eso es madurar. Cuando uno es pequeño hay muchos condicionantes que te hacen actuar y sentir de maneras a lo mejor no adecuadas. La educación que recibimos influye directamente en nuestra personalidad y nos hace escoger caminos, a veces, equivocados. Cuando uno es pequeño no comprende muchas veces a sus padres. Sus ordenes, sus reproches, sus reglas... No se dan cuenta que ellos no siempre llevan la razón, que hay momentos en los que deben ponerse en la piel de sus hijos e intentar comprender porqué actúa así. Fui una niña alegre y espontánea, cariñosa y sensible, pero un día eso cambió. En mi niñez todavía había mucho de machismo, como aún lo hay ahora. Yo, por mi espontaneidad, jamás me protegí de ello, quizás porque nada malo podía temer ya que nada malo estaba haciendo. Vivía al lado del monte y los árboles eran mi9s columpios preferidos. Desgraciadamente en mi pueblo, éran más los niños que las niñas, así que yo era de las que jugaba al fútbol, al balonmano o lo que se terciara, casi siempre juegos que se atribuyen al sexo masculino. El problema empezó en mi adolescencia, ya que a pesar de sentirme igual, mi cuerpo cambiaba y los mayores miraban con ojos maliciosos todos mis movimientos, a pesar de mi inocencia de niña que todavía no entiende el mundo en el que vive. Cualquier juego, cualquiera de las tonterías que hacía, podían ser vistas como una provocación, como un motivo para mancillarme y eso te condiciona. Mi educación es de esas que huelen a naftalina, a baúles cerrados llenos de tabúes, de secretos y pecados que hay que enterrar y jamás nombrar. Eso terminó por convertirme en una adolescente rebelde que odiaba a sus padres. A pesar de tener buen fondo y demasiada inocencia, la rebeldía ejerció poder supremo sobre mí. De repente nada de lo que hacían los mayores, ninguna de sus leyes y normas era válida para mí. Rechazé todo cuanto pudiera influenciarme en mi manera de sentir y ser porque era mi máquina la que estaban manejando y hay ciertas cosas que incluso los padres deben respetar y comprender. Me negué a creer que era mala, que era "suelta", que era irresponsable, que era gorda... Yo sabía que no lo era. Me negué a dar la razón en algo que no la tenían, a creer en algo que no existía... Empecé a forjar mi propio criterio todavía sin estar segura de mis argumentos, inmaduro y precipitado, debido a la presión de definirme en un lado o en otro de lo que quería ser. Mi rebeldía hizo sufrir a los que me rodeaban pero la que más sufrió fui yo. Mi propia rebeldía me hacía sufrir y apenarme por mis padres, yo sólo buscaba su amor, buscaba su aprobación en lo que yo hacía, buscaba el orgullo por su hija.
Mi propia rebeldía me llevó a situaciones muy difíciles, a callejones sin salida, a dolores innecesarios. Pero así es la vida, adoro a mis padres y todo lo que soy es gracias a ellos, pero a veces necesito explicar todavía porqué he sido así en mi adolescencia, porqué me han pasado ciertas cosas, porqué soy así ahora. Si yo comprendo, intenta comprender...

8 comentarios:

  1. Somos hijos de una educación y unas circunstancias...pero también somos seres capaces de salir de esa rueda.
    Nuestros padres han sido hijos de su educación y tiempo, una época oscura y represiva, el gran silencio gallego, supongo que para ellos también ha sido duro.

    Gracias por estas palabras tan sinceras y sentidas, me ayudan a abrir los ojos observarme.
    Un abrazo muy fuerte!

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    1. Gracias a ti por comprenderme, me siento menos sola.

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  2. es bueno mirar atrás para comprobar hasta donde fuimos capaces de llegar.
    biquiños,

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    1. Yo misma me sorprendo al leerme Aldabra, parece como si me redescubriera o me entendiera mejor después de leer lo que vomito compulsivamente en el blog, biquiños

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  3. Veo que tienes una mente muy lúcida, pero sobre todo unos valores muy grandes e intactos a pesar de los tiempos que vivimos.
    Un saludo.

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    1. Gracias Dean, viniendo de ti me sonrojo, le doy mucho valor a tus palabras, tú sí que tienes algo muy grande dentro. Besos

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