lunes, 13 de septiembre de 2010

JUEGOS DE NIÑOS

Qué frescura derrochábamos jugando a escondernos! Qué felicidad más inocente e infantil! Corríamos hasta agotarnos y encontrábamos rincones insospechados donde escondernos. Yo oía tu respiración entrecortada y entre risas y gritos salía de mi escondite a la carrera, tú detrás pisándome los talones, sin sospechar que en un instante, nuestros juegos de niños se convertían en chismes de pueblo. Volver a casa nos costaba, augurábamos la paliza, entre otras cosas, por la ropa destrozada, sin saber ¡qué ingenuos! los rumores que corrían por el pueblo. Con el pasar de los días, nuestros juegos de niños se convirtieron en juegos prohibidos, nuestra inocencia, rota por las malas lenguas, nuestra amistad, mancillada por las apariencias. Ya no jugábamos, nos esquivábamos avergonzados, nos habían instalado ese sentimiento de pudor y recato que no era nuestro, destrozando la alegría y el sentido del juego. Nos volvieron maliciosos y mal pensados como ellos, nos viciaron con pensamientos estancados, anticuados, con olor a viejo y confesionario, a cura depravado que proyecta su lascivia en un simple juego de niños.

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